El sistema que busca compensar la insularidad muestra límites ante un tejido sin margen para invertir y crecer.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
En Canarias, más de 146.000 autónomos sostienen una parte esencial de la economía. Generan el 21% del Producto Interior Bruto y, sin embargo, una parte importante de ellos apenas logra garantizar su propio salario. En ese escenario, el Régimen Económico y Fiscal (REF), concebido para compensar las desventajas estructurales del Archipiélago, se enfrenta a una pregunta clave que supera al aspecto técnico: ¿está llegando realmente a quienes más lo necesitan?
El presidente de ATA Canarias y CEO de Velorcios Group, Pedro Andueza, abordó esta cuestión en Radio Las Palmas, en el programa Buenos días a las 8, que dirige Dulce María Facundo. Su visión marca el tono del debate: «El REF no es dar ventajas, es generar equidad». Una equidad que, en la práctica, no siempre se traduce en oportunidades reales.
Un sistema para igualar desventajas
El REF nació como un instrumento para equilibrar las condiciones de Canarias frente al resto del territorio. La lejanía, la fragmentación en ocho islas y los costes logísticos condicionan la actividad económica y sitúan al Archipiélago en desventaja frente a mercados más amplios y conectados.
No es lo mismo recibir mercancía en Madrid que hacerlo en Canarias, donde el transporte encarece los productos y alarga los tiempos. Ese es el punto de partida que el REF intenta corregir. Lo hace a través de tres vías: facilita la movilidad con el descuento de residente, compensa el transporte de mercancías en sectores clave y ofrece incentivos fiscales como la Reserva de Inversiones en Canarias o la deducción por inversiones.
El objetivo es claro sobre el papel, igualar condiciones. La dificultad aparece cuando esa herramienta se enfrenta a la realidad del tejido productivo.
Un tejido sin margen para aprovechar el REF
Solo el 2% de los autónomos utiliza los incentivos fiscales del REF. No se trata de desconocimiento, sino de una limitación estructural.
Más del 40% de los autónomos en Canarias ingresa menos que el salario mínimo interprofesional. La mayoría son microempresas sin empleados o con plantillas muy reducidas, centradas en el sector servicios y con escasa capacidad económica. «Si no hay margen ni para un salario, imagínense para invertir», expone Andueza.
Este dato resume el principal problema del sistema. El REF ofrece ventajas para quien puede reinvertir beneficios, pero una gran parte del tejido empresarial no llega a ese punto. La prioridad no es crecer, es sostenerse.
«Si no hay margen para vivir, tampoco lo hay para invertir»
La dimensión social es evidente. Muchos autónomos no pueden permitirse cerrar su negocio ni siquiera en situaciones personales complejas. Enfermar, coger vacaciones o afrontar un duelo implica dejar de ingresar, pero no dejar de asumir costes. El resultado es una economía de resistencia en la que el REF pierde parte de su capacidad transformadora.
Medidas que alivian y un debate abierto
En este contexto, algunas decisiones recientes introducen cambios con impacto directo. La ampliación del umbral para no aplicar el IGIC hasta los 50.000 euros de facturación supone un alivio tangible para miles de autónomos. Esta medida reduce la carga administrativa y elimina una función que el sector ha cuestionado durante años: la de actuar como intermediario en la recaudación de impuestos.
Además, tiene un efecto sobre el consumo. Al no aplicarse el IGIC en determinados servicios, el coste final para el cliente disminuye. Se estima que esta medida beneficia a cerca de 30.000 autónomos y supone un ahorro anual que ronda los 650 euros.
El movimiento también introduce un elemento diferencial. Mientras España no aplica el IVA franquiciado a nivel estatal, Canarias avanza con el IGIC franquiciado, alineándose con una fórmula ya extendida en Europa. Una señal que sitúa al Archipiélago en una posición singular dentro del sistema fiscal.
Aun así, el debate está abierto. El sector reclama equiparar a los autónomos con las pequeñas empresas en el acceso a incentivos fiscales. Una misma inversión puede recibir un trato distinto según la forma jurídica del negocio, lo que limita la modernización de muchos proyectos.
Asimismo, toma relevancia la propuesta de aplicar una deducción progresiva en el IRPF que beneficie tanto a trabajadores como a autónomos. Esta medida podría aportar entre 150 y 200 euros mensuales adicionales a las rentas más bajas, en un contexto en el que los ingresos en Canarias se sitúan por debajo de la media nacional. El impacto no sería solo social, también económico, al impulsar el consumo y dinamizar la actividad.
El REF sigue siendo una herramienta esencial para Canarias, pero su eficacia depende de su capacidad para adaptarse a la realidad del tejido productivo. No basta con compensar desventajas estructurales, el reto es que esas compensaciones sean accesibles para quienes sostienen el día a día económico de las islas.
La cuestión de fondo ya no es si el REF es necesario. Lo es. El verdadero debate es si está preparado para responder a la Canarias real.
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