• ¿Y si borramos a Trump?

    [Una propuesta mediática, con hashtag incluido]

    Donald Trump existe. Y el trumpismo también. Por lo menos, podríamos ahorrarnos lo segundo.

    La coherencia del presidente de Estados Unidos de América es angustiosamente innecesaria. Lo que en cualquier individuo sería una virtud, en una figura como la suya es un riesgo global. Trump no solo dice lo que piensa, sino que es capaz de llevar a cabo lo que en palabras ya sentaba muy mal. Anuncia despropósitos que después busca cumplir; si esto no ocurre, ya sea porque la iniciativa se entorpece por la buena voluntad de otras personas o porque se distrae con la trivialización de otra cuestión que es relevante para los demás, él redirigirá sus prioridades hasta dar con un despropósito mayor. Día tras otro, Trump protagoniza la realidad por encima los hechos y encarna las principales noticias malas de la Tierra, que no hacen falta ni queremos.

    Las intervenciones públicas del presidente de Estados Unidos de América se han convertido en espectáculos masivos en que se normaliza y naturaliza lo que siempre ha sido reprochable en la interacción social. Es una puesta en escena donde el mundo es concebido como un público pasivo e impotente. Su discurso llega a tal nivel de autosatisfacción, que este mandatario de un país tan poderoso se considera validado para expresar: “A veces se necesita un dictador”. Eso no. Y puestos a decir que no, tampoco le llamemos sinceridad a lo que es prepotencia ni le llamemos autenticidad a lo que es sinvergüenzura. Y zanjemos otro tema: no le llamamos paz a lo que es guerra.

    Es peligroso que, además, la actitud de bravucón y la conducta de patrón de Donald Trump cause admiración en muchas personas, cientos, miles, millones en ambos hemisferios; o quizá en uno solo. El estilo de este presidente no es un modelo para seguir, es un prototipo a suprimir. Habrá quienes lo han visto en persona, de cerca en los salones dorados de la Casa Blanca o a la puerta del baño en el avión donde brinda conferencias de prensa, pero la inmensa mayoría sobrellevamos su presencia redundante por las cámaras que lo captan. Si el alcance planetario de su mensaje depende de nuestro consumo en las pantallas, rectangulares y planas como las ideas obtusas, viene siendo hora de que limitemos su universo.

    Hubo un tiempo en que los medios masivos pixelaban las imágenes que se consideraban impúdicas, como las partes del cuerpo que suelen estar cubiertas en lo cotidiano. Se revestía con cuadrados minúsculos lo presuntamente inadecuado para evitar la visión clara de lo incómodo. Retomemos esta práctica de carácter profiláctico, algo caída en desuso. Que en toda transmisión se haga lo mismo con el presidente de Estados Unidos de América, boca, rostro o cuerpo entero, por la obscenidad de lo que expresa; a lo mejor, en el futuro, evolucionamos del pixel a la pantalla negra y queda velado por entero. Incluso, volvamos al pitido televisivo con que se acallaban las groserías, tanto al comienzo como al cierre de la trasmisión de sus declaraciones para marcar en el inicio y en el final la indecencia de su contenido.

    En suma, borremos a Trump para sacarlo de la realidad; por lo menos, un poco, de la nuestra.

    #BorremosATrump

Juan Manuel Chávez

Vicerrector de Extensión y Vida Universitaria de la Universidad del Atlántico Medio (Gran Canaria), donde además dirige el Grado en Comunicación. Es doctor en Lenguas, Literaturas, Culturas y sus aplicaciones por la Universitat de València y la Universitat Politècnica de València, con mención internacional.


Durante años, condujo espacios radiales sobre libros, arte y cultura en su país natal; asimismo, ha reflexionado en torno a la dimensión social de la radio en artículos como “Cultura en la radio” para la revista ILA. Das Lateinamerika-Magazin de Alemania y el escrito con que ganó el Premio de Ensayo de Radio Universidad Nacional Autonómica de México.


Escritor e investigador con más de una docena de títulos en crónica, ensayo, cuento y novela, una de los cuales le valió la mención especial del Premio Nacional de Literatura en Perú; además, colabora en medios escritos como la revista Cocktail y el diario Canarias7. Ha formado parte de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universitat de Barcelona y colaboró en proyectos de divulgación sobre estilos de vida, vivienda, turismo y migración para OBS Business School. Entre sus libros de transferencia de conocimiento más recientes destacan Juan Bautista Túpac Amaru. El dilatado cautiverio (2021) y Un idioma para la integración social (2022).

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