El proceso médico obliga a los pacientes a abandonar su entorno y su sustento diario.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
El testimonio de Alfonso Soto, músico y vecino de Las Palmas de Gran Canaria, pone rostro a una realidad poco visible para buena parte de la ciudadanía. Su relato, compartido en el programa El Vecino, que dirige José Luis Suárez en Radio Las Palmas, expone el impacto humano de una política sanitaria que obliga a pacientes canarios a desplazarse a Madrid para la adaptación de prótesis, pese a existir recursos profesionales cualificados en las islas. La denuncia trasciende lo médico y señala un problema que afecta a la vida familiar, laboral y emocional de quienes se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad.
Un accidente que no terminó
Alfonso perdió el pie derecho en 2012 tras un atropello ocurrido cerca del Teatro Pérez Galdós. Desde entonces convive con un dolor fantasma persistente, una sensación continua en unos dedos que ya no existen. Lo describe como una presión constante, difícil de explicar y aún más difícil de sobrellevar. Durante trece años ha pasado por tratamientos y operaciones sin lograr un alivio duradero. Los especialistas reconocen el fenómeno y advierten de los riesgos de intervenir sin garantías, conscientes de que cualquier error puede intensificar el dolor.
«El cerebro sigue mandando señales a un pie que ya no está, y la respuesta es dolor».
La vida cotidiana se sostiene entre la resistencia y la adaptación. Alfonso ha reducido el uso de medicación para evitar quedar anulado y solo recurre a analgésicos fuertes en los momentos más intensos, asumiendo que esos días quedan prácticamente perdidos. Aun así, intenta mantener una rutina y preservar su autonomía.
La prótesis lejos de casa
Tras el accidente, Alfonso reorientó su vida hacia la música, una vocación que le permite seguir activo y encontrar equilibrio personal. Esa estabilidad es la que ahora se ve alterada por su ingreso en el hospital de Asepeyo en Coslada, donde permanece desde el domingo 19 de enero para la adaptación de una prótesis. La mutua ha establecido que los pacientes de Canarias deban desplazarse a Madrid para este proceso, aunque en Las Palmas existen ortopedias y profesionales con experiencia contrastada.
Lo que podría resolverse con visitas puntuales se convierte en estancias prolongadas en una habitación de hospital, a la espera de moldes correctos y ajustes sucesivos. Alfonso ya había viajado en diciembre y tuvo que regresar sin solución definitiva. En esta ocasión, los errores en el encaje han vuelto a alargar un proceso que debería ser breve.
«Estar encerrado diez días en una habitación, lejos de tu vida, también enferma».
Un problema que afecta a muchos
La distancia tiene un coste que no figura en ningún protocolo. Alfonso deja atrás a su hija menor, a su familia y a su entorno cercano. Su trabajo como músico, ligado al día a día, queda en suspenso. Depende de amistades para atender su casa y a sus animales. El aislamiento, el frío y la incertidumbre prolongada generan un desgaste psicológico que se suma al dolor físico.
Según su testimonio, esta situación no es un caso aislado. Afecta a todos los pacientes amputados de Canarias atendidos por la mutua y se extiende incluso a intervenciones no urgentes. Mientras quienes viven en la Península pueden desplazarse y regresar a casa en el día, los pacientes canarios asumen semanas lejos de su vida. La desigualdad territorial se traduce así en una carga añadida para quienes ya afrontan una situación compleja.
Alfonso reclama que los procesos sanitarios puedan realizarse en Canarias, cerca de la familia y del entorno habitual. Su demanda no cuestiona la atención médica, sino un modelo que prioriza la centralización frente al bienestar integral del paciente. El caso abre un debate necesario sobre hasta qué punto la cercanía y el apoyo familiar forman parte real del proceso de recuperación.
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