• Reportajes Guillermo Cánovas: «La educación digital ya es una cuestión de salud pública»

      

    06/02/2026 | 08:15   |   Redacción  

    Guillermo Cánovas: «La educación digital ya es una cuestión de salud pública»

    El experto alerta a familias y administraciones sobre el impacto real de la tecnología en menores.


    Por Redacción | RADIO LAS PALMAS

    La relación de niños y adolescentes con la tecnología ha dejado de ser un asunto doméstico para convertirse en un desafío colectivo. Así lo defendió Guillermo Cánovas durante su intervención en el programa Cosmópolis, dirigido por Héber Martín junto a Cristina Corsali en Radio Las Palmas. El director del Observatorio para el Uso Saludable de la Tecnología Educalike abordó los riesgos de las redes sociales y de la inteligencia artificial en menores, así como la necesidad de una respuesta coordinada desde las familias, la escuela y las administraciones.


    Regulación necesaria

    ¿Por qué considera que la educación digital debe abordarse como una cuestión de salud pública?
    Porque sus efectos ya no son individuales ni aislados. Cuando una tecnología afecta al desarrollo emocional, al comportamiento, al descanso o a la capacidad de atención de una generación entera, deja de ser un problema privado. Estamos viendo consecuencias en las aulas, en los hogares y en la convivencia social. La salud pública no solo se ocupa de virus o enfermedades físicas, también de aquellos factores que deterioran el bienestar colectivo. La tecnología, usada sin límites ni educación previa, tiene hoy ese impacto.

    ¿Cómo valora la decisión de limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años?
    Es una iniciativa necesaria y largamente demandada por quienes trabajamos en protección del menor. No responde a una ideología concreta, sino a una preocupación compartida por la sociedad. El gran desafío está en su aplicación. Las leyes deben ir acompañadas de mecanismos eficaces de control de edad. Mientras las plataformas no asuman esa responsabilidad, cualquier medida corre el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones.

    El uso intensivo del móvil forma parte de la vida cotidiana, pero la ausencia de controles efectivos y normas claras refuerza el debate sobre la necesidad de una regulación que proteja especialmente a niños y adolescentes en el entorno digital.


    Señales de alerta

    ¿Cómo pueden las familias detectar un uso problemático de la tecnología?
    El error más común es medirlo por el tiempo. La adicción no se define por horas, sino por conductas. Hay que observar si existe un uso compulsivo, si el menor recurre al dispositivo ante cualquier momento libre o si aparecen reacciones intensas cuando se limita el acceso. También es relevante comprobar si la tecnología se utiliza como vía de escape emocional o si condiciona el estado de ánimo. Todo eso ofrece pistas claras de que algo no va bien.

    ¿Cuándo se puede afirmar que la tecnología interfiere en la vida cotidiana?
    Cuando genera conflictos familiares constantes, aislamiento social, descenso del rendimiento académico o problemas de sueño. En ese punto ya no hablamos de un hábito, sino de una interferencia directa en la vida normal. No es un único síntoma el que debe preocupar, sino la suma de varios. Cuanto antes se actúe, más fácil será reconducir la situación y evitar que el problema se cronifique.


    Identidad y futuro

    ¿Qué papel juegan las redes sociales en la construcción de la identidad adolescente?
    Hoy gran parte de las relaciones se desarrollan en entornos digitales. La identidad ya no depende solo de lo que uno publica, sino de lo que otros dicen, comentan o etiquetan. Fotografías, vídeos y reacciones van construyendo una imagen pública que no siempre se controla. Además, los likes, las aplicaciones que se usan y los permisos que se aceptan generan un rastro que define gustos, creencias e intereses. Todo eso conforma la identidad digital.

    ¿Por qué insiste tanto en la importancia de la privacidad?
    Porque la reputación digital condiciona el futuro. Universidades, empresas o entidades que conceden becas buscan información más allá del currículum. Esa información está en Internet. Un perfil descuidado puede cerrar puertas antes incluso de llegar al mundo laboral. No se trata de ocultarse, sino de ser consciente de que cada publicación tiene un contexto y una lectura que puede tener consecuencias reales.


    Aula y tecnología

    ¿Qué efectos observa en el rendimiento académico y la atención?
    Existe una pérdida progresiva de la atención sostenida. La sobreestimulación constante genera una necesidad permanente de estímulos nuevos y rápidos. Esto dificulta el esfuerzo intelectual y la concentración prolongada. El cerebro se acostumbra a ese ritmo y luego le cuesta adaptarse a tareas que requieren calma y reflexión. Es una realidad que docentes y familias perciben cada día.

    ¿Qué riesgos plantea el uso de inteligencia artificial en menores?
    El principal es que sustituya procesos cognitivos que aún están en desarrollo. Cuando un adolescente delega en la IA tareas como razonar, resumir o resolver problemas, deja de entrenar esas capacidades. A eso se suman la falsa autoridad de la herramienta, sus errores, sesgos y la simulación de emociones humanas que genera una confianza engañosa. También hay riesgos de privacidad, fraude académico y desinformación avanzada.

    Alumnos trabajan con dispositivos digitales en el aula bajo la supervisión docente, un entorno donde la tecnología puede ser una aliada educativa siempre que su uso esté acompañado de criterios pedagógicos, límites claros y formación en seguridad digital.


    Respuesta educativa

    ¿Puede la inteligencia artificial utilizarse de forma positiva en educación?
    Sí, siempre que se haga con límites claros. La IA puede ayudar a personalizar explicaciones, resolver dudas paso a paso, facilitar la autoevaluación o generar recursos educativos. La clave es no utilizarla para sustituir el aprendizaje, sino para reforzarlo. Igual que no se da una calculadora a quien está aprendiendo a multiplicar, no se debe ofrecer una herramienta que haga el trabajo intelectual cuando ese proceso aún se está formando.

    ¿Qué papel deben asumir los centros educativos?
    Es imprescindible contar con normativas claras. No se puede improvisar. Hay que definir qué herramientas se permiten, a qué edades y con qué objetivos, así como las consecuencias del fraude académico. Antes de los 14 años, el uso debe ser formativo y supervisado. A partir de ahí, introducir la IA de manera gradual y consciente. Todo esto exige formación continua del profesorado, porque solo desde el conocimiento se pueden reducir riesgos y aprovechar oportunidades.


    La intervención de Guillermo Cánovas dibuja un escenario en el que la tecnología atraviesa la educación, la salud y la convivencia social. Su planteamiento sitúa la educación digital en el centro de las políticas públicas y del debate educativo, con una idea que recorre toda la entrevista: proteger a los menores en el entorno digital implica asumir que el impacto ya es colectivo y que la respuesta debe ser compartida entre familias, escuelas, plataformas y administraciones.

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