La creadora reivindica la emoción, la música y el tiempo como motores de su obra.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
La arquitecta y artista plástica Inés Pacheco fue la invitada del programa La Ruta de la Seda, que dirige José Luis Trenzado en Radio Las Palmas. En una conversación extensa y reflexiva, la creadora recorrió su biografía artística desde la formación técnica hasta una pintura cada vez más emocional y abstracta, marcada por la música, la experiencia vital y la necesidad de presencia. El diálogo construye el retrato de una artista que entiende el proceso creativo como un viaje interior compartido.

José Luis Trenzado e Inés Pacheco, tras la entrevista en La Ruta de la Seda. Una conversación sobre creación, emoción y el valor del proceso artístico.
Arquitectura y vocación
¿En qué momento sentiste que la arquitectura no bastaba para expresar lo que llevabas dentro?
La arquitectura me ha dado una base enorme y sigo agradeciéndoselo cada día. Durante muchos años pinté lo que veía, casi como una prolongación natural de esa mirada técnica con la que aprendes a observar el mundo. Pero llegó un momento en el que sentí que eso no era suficiente, que necesitaba ir más allá de la forma. No fue una ruptura, fue una evolución lenta. La arquitectura me enseñó a dibujar y a estructurar, pero la pintura me permitió empezar a hablar de mí.
¿Te has planteado alguna vez elegir entre ser arquitecta o artista plástica?
Nunca lo he sentido así y no quiero hacerlo. Soy arquitecta y artista, y ambas cosas forman parte de quien soy. La técnica me sostiene y la emoción me impulsa. Renunciar a una sería perder una parte importante de mi identidad. Durante mucho tiempo se nos ha dicho que hay que elegir un solo camino, pero con los años entiendes que la creatividad puede ser múltiple y coherente al mismo tiempo.
El valor del tiempo
La pintura rápida ha sido una etapa relevante en tu trayectoria. ¿Qué aprendiste de ella?
Aprendí a soltar el miedo. La pintura rápida te obliga a decidir sin red, a asumir riesgos y a aceptar lo que salga. Siempre digo que la ignorancia es atrevida y, en mi caso, lo fue. No tenía expectativas ni presión, pintaba desde la intuición. Esa experiencia me ayudó a desprenderme del perfeccionismo que arrastraba de la arquitectura y a confiar más en el gesto y en el momento.
¿Por qué la inmediatez es tan importante en tu forma de crear?
Porque cuando hay demasiado tiempo aparece el control excesivo. Yo necesito el ahora, la tensión del momento. Me pasa con el modelo del natural, con los conciertos y con la pintura rápida. En ese espacio breve no hay margen para corregir sin parar, solo para captar la esencia. Ahí siento que el trabajo es más sincero y más conectado con lo que quiero expresar.
Del exterior al interior
Tu obra evoluciona de lo figurativo hacia una pintura más emocional. ¿Cómo se produce ese cambio?
Fue un proceso gradual. Empecé pintando lo que veía y luego quise ir más allá de la representación. Intenté captar expresiones, miradas, algo que no fuera solo forma. Con el tiempo entendí que no necesitaba la figura reconocible para transmitir emoción. Lo importante era lo que se sentía, no lo que se veía. Ahí comenzó un camino hacia una pintura más interior y más libre.
La pandemia marca un punto de inflexión en tu trabajo. ¿Qué ocurrió en ese momento?
Fue un golpe muy fuerte a nivel personal. Perdí a mi padre y, sin darme cuenta, eso se reflejó en la pintura. Los retratos que estaba haciendo se volvieron más duros, más tristes. Yo misma me preguntaba qué les pasaba a esas miradas. Después comprendí que estaba pintando lo que llevaba dentro. A partir de ahí la pintura dejó de ser representación y se convirtió en expresión directa de emociones.
Música y color
La música tiene un peso decisivo en tu obra reciente. ¿Cómo se establece esa relación?
La música no acompaña a mi pintura, la provoca. Yo escucho música y veo colores, ritmos, atmósferas. Con Minimal Dreams ocurrió eso. Dejé de pintar amaneceres reales para pintar los amaneceres de mi interior. La música me ayudó a desprenderme de la mirada técnica y a entrar en un territorio más sensorial y abstracto, donde el color tiene todo el protagonismo.
¿Qué buscabas con ese diálogo entre sonido y pintura?
Buscaba una experiencia compartida. No quería ilustrar la música, sino responder a ella desde otro lenguaje. Que quien viera la obra pudiera sentir algo parecido a lo que yo sentía al escucharla. Cuando el propio compositor reconoció sus piezas en los cuadros entendí que el diálogo había funcionado y que ese puente entre disciplinas tenía sentido.
Presencia y directo
También has desarrollado pintura en vivo vinculada a conciertos. ¿Qué te aporta ese formato?
Es una extensión natural de todo lo anterior. Pintar en directo es escuchar, mirar y reaccionar en el momento. Hay algo muy cercano al jazz en ese proceso. Tienes una estructura, pero improvisas dentro de ella. Durante mucho tiempo lo hice desde mi asiento, casi de forma íntima, hasta que empezó a formar parte del espectáculo. Es una experiencia muy intensa y muy honesta.
¿Cómo cambia la relación con el público en ese contexto?
Cambia mucho, porque el público ve el proceso. No solo el resultado, sino cómo nace el dibujo. Hay algo muy humano en compartir ese tiempo. La gente entiende que la pintura surge ahí, igual que la música. Se crea una complicidad especial que para mí tiene mucho valor.
Mirada al futuro
¿En qué momento creativo te encuentras ahora mismo?
Estoy en un momento abierto, sin prisas. Quiero seguir llevando proyectos como Minimal Dreams fuera de Canarias, explorar nuevos espacios y seguir aprendiendo. También tengo ideas más íntimas, relacionadas con la naturaleza y con un jardín muy personal que para mí es como mi Giverny. Prefiero que las cosas crezcan despacio y con coherencia.

Dibujos realizados en directo durante la entrevista a Inés Pacheco en La Ruta de la Seda, una muestra de su dominio de la pintura rápida y de su capacidad para captar el instante desde el gesto y la emoción.
Batería de preguntas picaditas
¿Una manía confesable antes de pintar?
Ordenar los colores siempre en la misma posición. En todo lo demás soy bastante caótica, pero los colores necesitan su orden.
¿Un arquitecto o personaje con quien te sentarías a charlar?
Enrique Miralles. Fue siempre mi gran referente y me habría encantado conversar con él.
¿Qué música eliges cuando no escuchas jazz?
Música clásica, sin dudarlo. Especialmente el preludio de Lohengrin de Wagner.
¿Un libro al que vuelves o recomiendas siempre?
Un caballero en Moscú. Me parece fascinante cómo, sin salir de un hotel, te sumerge en toda una época.
¿Una película que no te cansas de ver?
La Misión. Siempre me atrapa, tanto por la historia como por la música.
La entrevista con Inés Pacheco revela a una creadora que ha sabido integrar técnica y emoción sin renunciar a ninguna de las dos. Su relato habla de tiempo, de escucha y de procesos vitales que se transforman en pintura. Arquitectura, música y arte visual se entrelazan en una trayectoria coherente, marcada por la honestidad y la búsqueda constante. Más que una obra cerrada, su trabajo propone un camino abierto donde el arte se vive como experiencia compartida.
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