• Reportajes Chemsex y el espejismo del placer sin límites

      

    15/02/2026 | 11:35   |   Redacción  

    Chemsex y el espejismo del placer sin límites

    Especialistas del Hospital Insular advierten del avance silencioso de una práctica que une drogas y sexo y que ya impacta en la salud física y mental en Gran Canaria.


    Por Redacción | RADIO LAS PALMAS

    Hablar de sexo en la radio ya no es un tabú. Hablar de drogas tampoco. Lo que aún cuesta es unir ambos conceptos y asumir que esa combinación está dejando huella en las consultas médicas de Gran Canaria. En el programa Dcultura y Salud, Michele Hernández, jefa de la Unidad de Enfermedades Infecciosas y Medicina Tropical del Hospital Insular, y el psiquiatra David Soto pusieron nombre y contexto a una realidad que crece en silencio: el chemsex.

    La conversación se articuló en torno a una idea clara: sexo sí, pero con salud y libertad. Porque cuando el placer queda supeditado a una sustancia, la autonomía personal empieza a erosionarse y la libertad deja de ser plena.

    Juan Carlos Jiménez, director de Dcultura y Salud, junto a Michele Hernández y David Soto tras abordar en Radio Las Palmas el aumento de las infecciones de transmisión sexual y el fenómeno del chemsex desde una perspectiva sanitaria y social.


    Un repunte que no es casual

    Las infecciones de transmisión sexual no son una herencia del pasado. Siguen presentes y, según los especialistas, aumentan. En Canarias se diagnostican entre 200 y 240 nuevos casos de VIH cada año. Gran Canaria concentra una parte relevante de esos diagnósticos, con especial incidencia en el sur de la isla.

    No se trata solo del VIH. En las consultas aparecen con más frecuencia sífilis, gonorrea o clamidia. Preocupa el incremento de sífilis en mujeres jóvenes embarazadas, con el riesgo añadido para el recién nacido. El dato desmonta la idea de que estas infecciones pertenecen a otros tiempos o a otros perfiles.

    Uno de los problemas más graves es el diagnóstico tardío. El VIH puede permanecer años sin síntomas. Durante ese periodo, la persona puede transmitir la infección sin saberlo. A ello se suma un fenómeno que rara vez ocupa titulares: hombres y mujeres de edad avanzada que mantienen relaciones sexuales y no solicitan pruebas por vergüenza o por creer que ya no están en edad de riesgo.

    El mensaje de la doctora Hernández fue directo. No hay que tener miedo a pedir una analítica. Los profesionales sanitarios no juzgan. Diagnosticar a tiempo protege a quien consulta y a su entorno.

    La prevención y el diagnóstico precoz son claves para frenar el aumento de infecciones de transmisión. @FREEP!K


    Prevención en una sociedad sin miedo al riesgo

    El preservativo sigue siendo la herramienta más eficaz frente a la mayoría de las infecciones de transmisión sexual. Sin embargo, su uso ha descendido. La percepción de que el VIH es hoy una enfermedad tratable ha reducido el temor que marcó a generaciones anteriores.

    El sistema sanitario dispone de otras herramientas. La profilaxis post exposición permite iniciar un tratamiento preventivo frente al VIH si se actúa antes de 48 horas tras una práctica de riesgo. La profilaxis pre exposición se dirige a personas con alta probabilidad de contagio y reduce de forma notable la transmisión del virus. También la vacuna frente al virus del papiloma humano ofrece protección frente a determinados tipos de cáncer, aunque muchos adultos no fueron vacunados en su juventud.

    Pero ninguna herramienta sustituye a la información. La prevención no es una prohibición moral. Es una decisión basada en el conocimiento.

    Las pruebas analíticas permiten detectar a tiempo el VIH y otras infecciones y evitar complicaciones futuras. @FREEP!K


    El chemsex, cuando la química entra en la intimidad

    En ese contexto emerge el chemsex. El término designa el uso intencionado de determinadas drogas para potenciar la libido, prolongar el encuentro sexual y facilitar la desinhibición, sobre todo en hombres que tienen sexo con hombres.

    Las sustancias más habituales incluyen mefedrona, metanfetamina y compuestos como GHB o GBL. Algunas pueden adquirirse con facilidad a través de internet o como productos industriales, lo que complica su control y su identificación en urgencias.

    David Soto destacó un rasgo que diferencia este fenómeno de otras adicciones: la baja percepción de riesgo. Muchos usuarios no se reconocen como personas con un problema de consumo. Las sesiones suelen organizarse en grupo, a través de redes sociales. En apariencia pueden ser esporádicas, pero en algunos casos evolucionan hacia un uso más frecuente e incluso en solitario.

    Las consecuencias no se limitan a una resaca incómoda. Se han descrito episodios psicóticos, depresiones respiratorias y riesgo de parada cardiorrespiratoria en determinadas combinaciones. El GBL, por ejemplo, se transforma en el organismo en GHB y puede multiplicar sus efectos.

    El impacto también es emocional. Con el tiempo, la persona puede perder la capacidad de disfrutar del sexo sin sustancias. La experiencia íntima queda ligada a la química y se debilita la vivencia natural del deseo. Lo que comenzó como búsqueda de placer puede terminar en ruptura personal, laboral y afectiva.

    El chemsex combina sustancias y sexo en un contexto donde la percepción del riesgo suele disminuir.


    Un desafío para el sistema sanitario

    El chemsex obliga a revisar los esquemas clásicos de atención a las adicciones. Abandonar el consumo puede implicar perder el grupo de pertenencia. No siempre existe un deterioro económico que actúe como alarma. Además, la práctica se mueve en entornos privados y convocatorias digitales que dificultan su cuantificación.

    Por ello los especialistas reclaman coordinación entre salud mental, enfermedades infecciosas y servicios sociales. También formación específica para que los profesionales identifiquen cuadros atípicos que puedan estar vinculados a este fenómeno.

    El mensaje es que no existe consumo seguro; el único plenamente seguro es el consumo cero. Para quienes ya consumen, se insiste en reducir riesgos y pedir ayuda ante cualquier situación de vulnerabilidad.

    Hablar de chemsex no es señalar a nadie. Es asumir que la libertad sexual, uno de los logros sociales más celebrados, exige información y cuidado. La ciencia, recordaron los especialistas, debe estar al servicio de la vida. Y la vida, cuando se vive con conocimiento, siempre es más libre.

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