• Sucesos Acepta 31 años de cárcel tras confesar ante el tribunal que abusó de su hija y una amiga

    11/11/2021 | 09:56   |   Redacción 

    Acepta 31 años de cárcel tras confesar ante el tribunal que abusó de su hija y una amiga

    Su hija confesó que «eso le pasaba desde pequeña, pero él le decía que era normal y que todos los padres lo hacían».

    Un hombre de más de 30 años que abusó de su hija y una amiga cuando estas apenas tenían diez y compartió por internet imágenes íntimas de ambas que grabó a escondidas en Las Palmas de Gran Canaria ha aceptado una condena de 31 años de cárcel tras reconocer los hechos y lograr una rebaja en las penas que inicialmente solicitaba para él la Fiscalía.

    El procesado, Airam, que en la actualidad cuenta con 35 años, admitía ayer ante la sección segunda de la Audiencia de Las Palmas que grabó en vídeo a las dos niñas cuando se duchaban en el baño de su casa, que violó a su hija valiéndose de su influencia paterna para doblegar su voluntad y que manoseó a las dos menores mientras dormían tomando fotos pornográficas de todo ello.

    Durante el juicio, el acusado ha confesado además que, entre julio y diciembre de 2018, descargó imágenes de contenido explícitamente sexual protagonizadas por menores de edad y también envió otras hechas por él mismo aprovechándose de su propia descendiente y la compañera que solía estar con ella.

    Prácticas constitutivas de delitos contra la intimidad, de abuso a menores y de distribución de pornografía infantil que no han negado ni él ni su abogada defensora, acogiéndose por ello a una reducción de las penas que le solicitaban inicialmente el fiscal y las acusaciones particulares ejercidas por la madre y la familia de sus víctimas, que oscilaban entre 38 y 43 años de prisión.

    No obstante, ha rechazado hacer comentario alguno respecto a lo ocurrido cuando el tribunal le ha dado el turno de palabra, limitándose a decir que «no estaba en condiciones» en ese momento para hablar.

    Quienes sí han declarado en la vista, aunque no en la misma sala en que se hacía el juicio sino a través de videoconferencia, han sido sus víctimas, que han relatado los hechos que sufrieron asistidas por profesionales especializados en atender a menores que han pasado por experiencias traumáticas.

    Con su ayuda, la amiga de la hija del procesado ha relatado cómo este les obligaba a dejar abierta la puerta de su cuarto al irse a la cama por la noche «siempre», y cómo se acostumbraron a cumplir su orden inocentemente incluso pese a que, al principio, le «parecía raro», según ha matizado.

    Al tiempo que ha explicado que solo descubrió que mientras dormían había fotografiado sus genitales y los de su compañera, apartando sus bragas y practicando tocamientos a ambas, en el momento en que la madre de la otra niña conoció y denunció lo que ocurría ante la Policía y la llamaron para que verificara que ella era una de las dos menores que aparecía y aclarara quién era quién en las imágenes.

    Además, en consonancia con el discurso de parte de las acusaciones, ha insinuado la posibilidad de que el hombre las drogara sin que lo supieran a fin de evitar que notaran lo que pasaba cuando abusaba de una y otra.

    Aunque se quedaban «hasta las tres de la mañana jugando» y se dormían «muy cansadas», esta testigo ahora considera raro que no se despertara, porque, por el contrario, si la tocaban cuando dormía en su propia casa era habitual que se levantara.

    También le sorprendió que en cierta ocasión, al pedirle al acusado ayuda para reparar una tableta electrónica que estaba fallando, encontró una foto suya en la que se le veía el culo. «Me dijo: es muy buena foto», ha narrado.

    En todo caso, la adolescente ha subrayado que al tener consciencia de lo sucedido se sintió apenada, más que por sí misma, por su amiga, que terminó por contarle que los abusos que sufría ella iban mucho más allá, llegando a prácticas sexuales completas, y que «eso le pasaba desde pequeña, pero él le decía que era normal y que todos los padres hacían eso».

    Interrogada a continuación sobre los hechos, la hija del procesado casi no ha podido más que corroborar con afirmaciones o negaciones el proceder de su progenitor, a quien se ha referido, en las escasas ocasiones en que ha aludido a él, como «el señor».

    Todo ello condicionada -ha explicado- por el efecto de saber con certeza que había padecido unos abusos que la han llevado a vivir con «mucha vergüenza», hasta el punto de ser incapaz de regresar al centro donde estudiaba desde entonces y seguir sin verse todavía con ánimos para hacerlo, pese al tiempo transcurrido.

    Como conclusión, las dos acusaciones particulares personadas en el juicio han destacado en sus discursos finales «lo salvaje y brutal» del proceder de su padre, algo que «no se concibe, no se entiende» que haya podido hacer con su propia hija, ha afirmado el abogado de una de ambas.

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