En 1949, apenas una década después finalizada de la Guerra Civil Española, Agüimes, como el resto de Canarias, se enfrentaba a una realidad marcada por la represión, el racionamiento y una pobreza severa. La escasez de alimentos, la precariedad en el transporte, la sanidad y la educación definían la vida diaria en un municipio esencialmente rural y aislado. Las escuelas eran pequeñas y con recursos mínimos, y muchos niños alternaban los estudios con el trabajo en el campo.
En este contexto difícil, María Jesús Melián Alvarado, una rica hacendada agüimense, aconsejada por sus albaceas, tomó una decisión trascendental: destinar recursos a la construcción de un colegio en lugar de un hospital. Esta elección buscaba acercar la educación a los niños del pueblo, una iniciativa que marcaría el futuro de la comunidad.
La llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) en 1949, para cumplir ese objetivo supuso una revolución educativa, social y cultural. Primero impartieron clases en las Casas Nuevas -hoy Complejo Parroquial- y, desde 1952, en el colegio Jesús Sacramentado. La pedagogía lasaliana, fundada en la inclusión, la gratuidad y la formación integral, se enfocaba especialmente en los más desfavorecidos. Su labor rompió el aislamiento secular de Agüimes, abriendo horizontes y formando en diversos oficios y disciplinas a profesionales que nunca imaginaron que se pudieran acoger a un ascensor social de esa magnitud en aquellos momentos.
Yo tuve la fortuna de ser educado por ellos hasta su marcha en 1968. Con ellos viví mis primeras experiencias culturales: cine, teatro, conciertos y deportes. También participé en un teleclub autogestionado por los alumnos. Estas vivencias, únicas en la Gran Canaria de la época, ampliaron nuestra mirada crítica y transformaron nuestro futuro, aunque hay que decir también, que todo este desarrollo estaba limitado a los niños, puesto que era un colegio masculino y que por tanto, las niñas quedaron excluidas. Ahora, afortunadamente, eso sería impensable.
De ese espíritu transformador nació, impulsada por la Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle, la Cabalgata-Auto de los Reyes Magos de Agüimes. La Asociación se creó para mantener los vínculos con el colegio y continuar la labor cultural iniciada por los hermanos. Su consolidación fue posible gracias a la voluntad de un maestro, el Hermano Lorenzo Martín González, y al impulso de más de un centenar de antiguos alumnos como Bernardino Romero Melián (presidente) y Orlando Hernández Martín (secretario).
El 5 de enero de 1956, con un texto de Orlando Hernández, se celebró por primera vez la Magna Cabalgata de Reyes. Hernández, Hijo Predilecto de la Villa, es un novelista, poeta, periodista y dramaturgo que renovó el teatro religioso en Canarias, adaptando la tradición medieval del auto sacramental a un lenguaje cercano y comunitario. Esta obra, junto al auto de Pasión "... y era el Hijo del Hombre", creada también por él, forman un eje cultural central en la identidad de Agüimes, compartiendo origen, autor y raíz dramática.
La Cabalgata-Auto no es un desfile convencional, sino una profunda manifestación cultural que embelesa, ilusiona y crea complicidad en la comunidad. Representa un mecanismo de cohesión social, identidad local y transmisión intergeneracional. Cientos de vecinos y vecinas participan voluntariamente como actores, figurantes o técnicos, haciendo de esta una obra colectiva donde el pueblo es creador, protagonista y transmisor.
Manteniendo la estructura de la Epifanía, el Auto combina devoción, teatro y participación popular. Los espectadores recorren con la comitiva las calles del casco histórico, convertidas en escenario, siguiendo el camino narrativo hacia el Nacimiento. Esta ritualización refuerza el valor patrimonial de Agüimes y atrae a miles de visitantes cada año, potenciando su visibilidad cultural sin perder su esencia comunitaria.
El auto es poesía viva. Cerremos los ojos y veamos cómo el desfile avanza por las calles del pueblo como una visión que entrelaza historia, tradición y sueño. Desde lejos se escucha el rumor de los pasos, el tintineo de los adornos y el murmullo expectante de quienes esperan cada año este momento. Vemos desfilar a los pastores y pastoras y a las hebreas, con sus telas suaves que se mecen al ritmo de la marcha, portando cántaros y lámparas que parecen traer consigo el eco de tierras antiguas. Sus rostros serenos y su caminar pausado abren la puerta a un tiempo remoto, casi sagrado.
Detrás irrumpen los romanos, imponentes y solemnes, con sus armaduras que reflejan la luz de las farolas y sus estandartes ondeando como lenguas de fuego. A su paso, se siente un leve estremecimiento, como si el pavimento recordara historias de poder y disciplina. Las cornetas y tambores nos llevan en volandas, con las mejores notas, a espacios celestiales. Los gladiadores, vigorosos y orgullosos, completan este bloque con su fuerza simbólica, representando la dureza del mundo que rodeaba el misterio del nacimiento.
Y entonces llega el corazón del desfile: los Reyes Magos. Se acercan montados en sus camellos, envueltos en capas que brillan con tonos de oro, púrpura y esmeralda. Melchor, Gaspar y Baltasar avanzan con una dignidad luminosa, saludando a los niños que levantan las manos con una mezcla de inocencia y veneración. Repartiendo caramelos, recogiendo cartas, encendiendo miradas. Cada gesto suyo parece sembrar un pedacito de ilusión en el aire. A su alrededor, los pajes tejiendo un puente entre la nobleza de los Reyes y la emoción del público.
La Noche de Reyes en Agüimes brilla con luz propia. Es una noche de ilusión para los niños y niñas, que dejan agua y alfalfa para los camellos y sus zapatos en la ventana, y de emoción revivida para los adultos. Porque la Noche de Reyes no es sólo el brillo de un milagro antiguo; es el mapa íntimo de nuestros deseos, la ventana por donde la inocencia vuelve a entrar, y la música secreta que cada corazón escucha cuando decide creer. Cada regalo al amanecer representa mucho más que un objeto: es un gesto de afecto, un símbolo de sueños compartidos y el eco de esa leyenda antigua que sigue viva.
Y para hacerlo posible, los Reyes Magos llegan hasta las casas de Agüimes en la madrugada del 6 de enero. Sí, realmente, físicamente. No estoy expresándome en lenguaje figurado. Nos lo anuncian de madrugada las cornetas y los tambores. Imaginen ese instante como un destello suspendido en el tiempo. El niño, la niña, aún envueltos en la tibieza del sueño, abren los ojos, y de pronto descubren una silueta majestuosa inclinada sobre ellos: un Rey Mago, con su aroma a noche estrellada y viaje largo, sus ropajes que parecen traer consigo un murmullo de campanas lejanas. En sus manos, un juguete que brilla como si guardara dentro una promesa.
Primero llega la sorpresa, pura y desbordante: el corazón se acelera, los ojos se agrandan, la respiración se corta por un segundo. Luego asoma la incredulidad maravillada, esa mezcla de querer creer y no atreverse, hasta que el Rey sonríe y todo se vuelve cierto, tangible, inevitablemente mágico. Y finalmente, un torrente de emoción: alegría que sube desde el pecho, una ternura que lo envuelve todo, la sensación de que el mundo es más grande y más hermoso de lo que imaginaban. Ese instante se clava para siempre en la memoria: no es solo un juguete, es el descubrimiento íntimo de que los sueños pueden tocarse, de que lo imposible puede entrar en la habitación a media noche y pronunciar su nombre. Es el tipo de emoción que, aun cuando pasan los años, sigue iluminando desde dentro.
Esta tradición no es un mero recuerdo del pasado, sino una forma de caminar juntos hacia el futuro sin olvidar los orígenes. Agüimes ha sabido equilibrar el progreso con el respeto a sus raíces, manteniendo vivas sus tradiciones como herencia activa y compartida. El Auto de Reyes, la Semana Santa y sus remates (donde La Salle también tiene un papel fundamental), el Carnaval y otras festividades son encuentros que fortalecen la identidad colectiva y el sentido de pertenencia.
La Asociación La Salle, con setenta años de trayectoria, es el pilar de esta continuidad. Su capacidad para reinventarse sin perder sus raíces, superando desafíos de espacio, recursos y nuevos tiempos, es admirable. Como alcalde, he compartido sus retos y he visto su compromiso inquebrantable.
Por ello tenemos que dar las gracias siempre a quienes trajeron a los Hermanos de La Salle, a los hermanos que educaron, a los antiguos alumnos y a todos los que mantienen viva esta tradición. A quienes ensayan, organizan y participan año tras año. A cada agüimense que aporta su grano de arena para que Agüimes siga siendo un lugar auténtico, con alma. Mientras nuestras tradiciones vivan, vivirá lo mejor de nosotros. Honrando legados como este, en tantos lugares de nuestra isla, es la manera de afianzar el futuro de cada municipio, de Gran Canaria entera.
Presidente del Cabildo de Gran Canaria
Antonio Morales Méndez nació en Agüimes en 1956. Es licenciado en Geografía e Historia y especialista en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna. Su formación académica y su vinculación temprana con el ámbito educativo marcaron el inicio de una trayectoria pública estrechamente ligada al desarrollo local, la sostenibilidad y la defensa de lo público.
En la actualidad ejerce como presidente del Cabildo de Gran Canaria. Entre 1987 y 2015 fue alcalde de Agüimes, cargo desde el que impulsó un modelo de gestión reconocido dentro y fuera del Archipiélago por su apuesta por la participación ciudadana, la cohesión social y la innovación en políticas públicas. Fue presidente fundador de la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria y formó parte activa de distintas estructuras de cooperación municipal desde 1990 hasta 2015.
A lo largo de su carrera institucional, su labor y la de los equipos que ha liderado han sido distinguidas con diversos premios y reconocimientos otorgados por organismos nacionales e internacionales, entre ellos la FEMP, la ONU y el Gobierno de Canarias. Ha participado en iniciativas como la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético de Gran Canaria y la Fundación Renovables, con una implicación directa en la transición energética y el impulso de un desarrollo sostenible.
Economista de Honor del Colegio de Economistas de Las Palmas, en los últimos años ha centrado su acción política y su reflexión pública en la defensa de un modelo de desarrollo ecosocial y de diversificación económica sostenible para Gran Canaria, integrado en el concepto de ecoísla.
Es autor de seis libros y de numerosos artículos publicados en distintos medios de comunicación, libros colectivos y revistas especializadas, en los que aborda cuestiones vinculadas a la energía, la democracia, el territorio y el futuro de Canarias desde una perspectiva crítica y comprometida.
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