El testimonio vecinal retrata meses de incertidumbre, daños en viviendas y sensación de abandono.
Por Redacción | RADIO LAS PALMAS
Los vecinos del barrio de La Paterna, en Las Palmas de Gran Canaria, reclaman ante una situación que se prolonga desde hace meses y que ha alterado de forma profunda su vida cotidiana. Obras de rehabilitación prometidas como una mejora para los edificios del entorno permanecen inacabadas o avanzan a un ritmo que los residentes consideran insuficiente, sin información clara sobre plazos ni responsables. La consecuencia es un barrio sumido en la incertidumbre, con viviendas dañadas y un creciente sentimiento de desamparo.
La denuncia vecinal fue expuesta en el programa Buenos Días a las 8, dirigido por Dulce María Facundo, donde Mirian, una de las afectadas, actuó como portavoz de una realidad compartida por decenas de familias. Su intervención puso palabras a un problema que, según relatan, va mucho más allá de las molestias habituales asociadas a una obra.
Viviendas dañadas y condiciones difíciles
El impacto de la rehabilitación inacabada se percibe dentro de las casas. Vecinos describen filtraciones de agua que atraviesan techos y paredes, humedades persistentes y episodios en los que el agua llega incluso a salir por enchufes. En algunos edificios, los tejados fueron retirados sin que se completaran las reparaciones, dejando las viviendas expuestas a la lluvia y al frío durante uno de los inviernos más lluviosos de los últimos años.
Las consecuencias no son solo materiales. Muebles y enseres acumulados durante décadas han quedado inservibles, mientras personas mayores, vecinos con problemas de salud o recién operados afrontan el día a día en condiciones que consideran indignas. También hay familias con menores que temen por su seguridad ante cortes de luz y riesgos eléctricos. Algunos residentes se han visto obligados a abandonar sus casas de forma temporal, refugiándose en sótanos o viviendas de familiares.
Un barrio sin respuestas claras
A los daños en el interior de las viviendas se suma el deterioro del espacio público. Calles levantadas, escombros, barro y socavones dificultan el tránsito de peatones y vehículos. Hay vecinos que relatan cómo han tenido que cargar la compra durante varias calles para poder llegar a casa o cómo coches han quedado atrapados en zanjas abiertas durante semanas. Incluso pequeños comercios del barrio ven amenazada su actividad por la falta de accesos y la ausencia de aparcamiento.
El malestar se agrava por la falta de información. Los residentes aseguran no recibir respuestas claras ni de la empresa encargada de la obra ni de las instituciones responsables. Los seguros privados no actúan al considerar que los daños se producen en el contexto de una rehabilitación en curso, lo que deja a las familias en un limbo administrativo. La sensación compartida es la de estar solos ante un problema que no provocaron.
Lejos de rechazar las obras, los vecinos insisten en que aceptaron la rehabilitación con la expectativa de mejorar su calidad de vida, con promesas como ascensores o sistemas energéticos más eficientes. Hoy reclaman algo más básico: información, responsabilidad y soluciones. “Obras sí, pero no se puede estar así”, resumen, apelando a la dignidad de un barrio trabajador que solo pide poder vivir en condiciones seguras mientras se culminan los trabajos.
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