• Querer cambiar no cambia nada.

    La transformación empieza el día que dejas de pensarlo y comienzas a hacerlo.

     

    Hay una trampa muy común cuando hablamos de cambio. Confundimos querer con cambiar. Y no son lo mismo. De hecho, están peligrosamente lejos. Querer es fácil, incluso reconfortante. Nos permite sentir que estamos en el camino correcto sin movernos del sitio. Cambiar, en cambio, exige algo más incómodo: hacer.

    Por eso la ecuación es tan simple como incómoda:
    Cambiar = Querer + Hacer

    El problema es que muchas personas se quedan atrapadas en la primera parte. Quieren mejorar su vida, su salud, sus relaciones, su bienestar. Lo quieren de verdad. Lo desean con intensidad. Pero no hacen nada distinto. Y cuando el tiempo pasa, aparece la frustración, la comparación y, finalmente, la resignación.

    Decimos que queremos cambiar, pero seguimos con los mismos hábitos.
    Decimos que queremos otra vida, pero mantenemos las mismas rutinas.
    Decimos que queremos sentirnos mejor, pero evitamos cualquier incomodidad.

    Ahí es donde la ecuación se rompe.

    El querer sin hacer genera una falsa sensación de avance. Nos calma momentáneamente, pero a medio plazo duele. Porque sabemos, en el fondo, que no estamos siendo honestos con nosotros mismos. Y para aliviar esa tensión interna, buscamos explicaciones externas: la suerte de otros, las circunstancias, la falta de tiempo, la edad, el contexto. Todo sirve con tal de no afrontar la parte que realmente pesa: hacer algo distinto implica asumir riesgo.

    Hacer no significa dar un salto gigantesco. Significa romper la inercia, aunque sea con un gesto pequeño. Cambiar una conversación. Cambiar una decisión. Cambiar una prioridad. El cambio no llega cuando desaparece el miedo, sino cuando dejamos de obedecerlo.

    Muchas personas esperan a “sentirse preparadas”. Pero la preparación casi nunca llega antes de la acción. Llega después. Primero haces, luego entiendes. Primero te mueves, luego te ajustas. El orden importa más de lo que creemos.

    Querer es el punto de partida. Es necesario. Sin querer no hay dirección. Pero sin hacer no hay transformación. Y esa es una verdad que no suele gustar, porque nos devuelve la responsabilidad.

    Cambiar no es un acto heroico. Es una suma de decisiones pequeñas sostenidas en el tiempo. Decisiones imperfectas. A veces torpes. A veces incómodas. Pero reales.

    Si hoy algo no te gusta de tu vida, la pregunta no es cuánto lo deseas cambiar. La pregunta es mucho más concreta y, por eso, más honesta:
    ¿qué estás haciendo hoy que sea coherente con ese deseo?

    Porque mientras el querer se queda en la cabeza, el hacer transforma la realidad.
    Y sin hacer, no hay cambio. Solo intención.

    Carlos Jiménez

    Consultor y Formador en Liderazgo y Desarrollo de Equipos, y Talento


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Carlos Jiménez

Formador y consultor especializado en el desarrollo del Liderazgo y Trabajo en Equipo. Casi 40 años de trayectoria acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio profundo y sostenible. He fundado y liderado más de 30 proyectos en ámbitos empresariales, sociales y deportivos, y he acompañado a más de 500 iniciativas como mentor, consultor y formador, siempre con el propósito de generar impacto real y cambios transformadores.
Autor de seis libros sobre Liderazgo y Trabajo en Equipo y comunicador con más de 20 años de trayectoria en radio.
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